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Dirección y Coordinación TL
martes, 16 de julio de 2013
viernes, 12 de julio de 2013
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https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=ns2nkHTkJbM#at=59
http://www.youtube.com/watch?v=Hhciwpc2yx0 (E. ambiental)
https://www.youtube.com/watch?v=i07qz_6Mk7g (Soñar)
https://www.youtube.com/watch?v=CUVIlpuk5S8 (Motivación)
https://www.youtube.com/watch?v=Fshit6CPoos (Motivación)
https://www.youtube.com/watch?v=oWYHKdf6N0E
http://www.youtube.com/watch?v=AsZJxDsd1Q8 (Chomsky. Objetivo de la Educación)
https://www.youtube.com/watch?v=1Rh9FPRWb5c (Resolución de conflictos)
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lunes, 1 de julio de 2013
Segunda sesión
B) Conceptos básicos
I. Contextualización de la pedagogía del
ocio y del tiempo libre
La diferencia
entre la pedagogía y la pedagogía del ocio es que la segunda educa en, para y
mediante el ocio. El tiempo libre, o de ocio, es el objetivo de la intervención
educativa. Según Caride (2012:309),
la nuestra es una sociedad del ocio, en la que <<el disfrute de éste “es
un arte que puede enseñarse”>>, de modo que se viva el ocio como una
oportunidad para construir una <<ciudadanía completa (…) una completa
humanidad>>, convirtiéndose el ocio en << uno de los vectores
principales de un cambio de rumbo civilizatorio>>. Y esta construcción es
un <<proyecto y trayecto pedagógico-social>>. El tiempo libre ha de
ser, desde esta perspectiva, un tiempo de aprendizaje <<en los modos de
ser, de hacer, de saber y convivir>>
Por lo tanto,
según Caride (2012: 301) la pedagogía ha de comprometerse activamente en la
educación en valores en el tiempo libre, pues este es un tiempo social
potencialmente educador y transformador en la actual sociedad de la
información.
La Sociedad de
la información es, según Hargreaves (2003:11), <<realmente una sociedad
del aprendizaje>>, en la que hay que aprender a lo largo de la vida.
Además, seguimos a Caride (2012: 310) es una sociedad en la que se multiplican
<<las posibilidades de aprender en cualquier escenario de la vida social
y cultural, en el mundo de las asociaciones, del tejido productivo, de las
familias, en las plazas y calles, en los centros cívicos...>>. Pero para
aprovechar las potencialidades educativas del tiempo libre en la sociedad de la
información es preciso que:
- Se combata <<el culto a la
velocidad>> para poder <<conquistar el tiempo en vez de
padecerlo> y, por lo tanto, poder
educar para la ciudadanía en ese tiempo libre conquistado,
despojado de su tinte de ociosidad consumista. De este modo se dará
<<consistencia pedagógica, social y ética a los cimientos de la
Pedagogía-Educación del Ocio>>.
- Se construya <<un ocio educador tanto en sus esencias como en
sus evidencias, confiando a la pedagogía cívica
mucho de lo que deben ser sus aportes al desarrollo de los pueblos,
mejorando la autoformación y las opciones
de humanización puestas al alcance de los sujetos
sociales>>, democratizando, por lo tanto, la vida en común.
De este modo, el tiempo libre sería
una necesidad y <<un derecho educables, pedagógica y socialmente>>
acordes con un desarrollo humano plural. Se trataría de <<una educación que
construye presentes y futuros habitables>>, desde el ejercicio de una
ciudadanía crítica y responsable. Se trataría de una vuelta al tiempo griego,
un tiempo humanizado y reflexivo, en medio del caos de la velocidad de vértigo
característica de la sociedad de la información. Pero esta utopía, defiende
Caride (2012: 311), en palabras de:
<<Puig y
Trilla (1987, 87), en su justificación de los principios generales para
orientar la Pedagogía del Ocio, “la utopía, sólo que en algún grado conecte con
la propia realidad y que sea posible cumplir con ella alguna representación
–aunque sea parcial y reducida–, es uno de los móviles más decentes de la
acción educativa intencional”. >>
II. Conceptos de educación en el tiempo libre, socialización,
participación y educación en valores en el tiempo libre.
Como hemos defendido con
anterioridad, el tiempo libre ha de ser concebido como un tiempo de
aprendizaje, en el que educar para el ejercicio de la ciudadanía responsable y
crítica. Es un tiempo para experimentar, crear y participar. Abordemos, pues
los conceptos de socialización, participación y educación en valores en el
tiempo libre.
Aristóteles definía al ser humano
como un ser eminentemente social, afirmando que aquel ser humano que no viviese
en sociedad sólo podía ser una bestia. Es tan cierto nuestro carácter social,
que necesitamos, más que ninguna otra criatura, de nuestros congéneres para
poder hacernos con las características propiamente humanas. El ser humano, en
su camino hacia la socialización, va evolucionando desde el individualismo del
infante hacia una conducta dirigida hacia los demás, incorporándose a un grupo
social.
Una vez que los/as niños/as asisten a
la escuela, se insertan en un ambiente de juego que tiende a propiciar la
socialización con otros/as niños/as. Más adelante, se establecerá una relación
de colaboración entre compañeros/as, pues se fomenta el trabajo en equipo como
herramienta metodológica importante, tanto en la vida académica como en los
deportes o los juegos. De este modo, de forma gradual, el/la niño/a va
haciéndose un miembro de un grupo social definido, asumiendo una conciencia de
grupo. Esta conciencia se agudizará en la adolescencia, en la que el grupo
cobrará la máxima importancia.
Desde nuestra concepción, la
educación va más allá de la mera transmisión de un corpus de conocimiento
acumulado que pasa de unas generaciones a otras. Aunque aceptamos la doble
misión de la educación en cuanto a la socialización de los nuevos miembros de
la comunidad mediante la transmisión de conocimientos que sustentan a la
sociedad, diremos que, nos decantamos por un concepto de educación que traspasa
los límites de la mera supervivencia y conservación de lo establecido.
Nuestra idea de educación se ancla en
la concepción de la educación como proceso indispensable para el desarrollo
integral de la persona. Rechazamos de partida la educación concebida al modo
positivista-tecnicista. Defendemos, a favor de la consecución de nuestro telos –desarrollo integral de la
persona- una concepción crítica de la educación.
En nuestra sociedad se ha acentuado
la adquisición de aprendizajes conceptuales, dejando de lado la educación
tomada holísticamente –en el sentido de educación de personas formadas de modo
que se puedan comportar como ciudadanos/as críticos/as, autónomos/as,
responsables, libres, solidarios/as, etc.- para la cual es fundamental la
educación para la ciudadanía y los
contenidos en valores. Estos, no son:
<<el
resultado de una comprensión y, mucho menos de una información pasiva, ni
tampoco de actitudes conducidas sin significación propia para el sujeto. Es
algo más complejo y multilateral pues se trata de la relación entre la realidad
objetiva y los componentes de la personalidad, lo que se expresa a través de
conductas y comportamientos, por lo tanto sólo se puede educar en valores a
través de conocimientos, habilidades de valoración, reflexión en la actividad
práctica con un significado asumido. Se trata de alcanzar comportamientos como
resultado de aprendizajes conscientes y significativos en lo racional y lo
emocional>> (ARANA, BATISTA, La
educación en valores: una propuesta pedagógica para la formación profesional).
Si
bien es cierto que los contenidos científicos son importantes en la formación
de los educandos, éstos carecen de sentido si no van acompañados de un
aprendizaje de contenidos en valores. Así, más que dar prioridad a los contenidos científicos o
conceptuales –privilegiados por los enfoques positivistas- , aquí defendemos lo
afirmado por Einstein respecto a la relevancia que cobra para la vida de los
seres humanos su desarrollo armonioso, al que contribuyen de forma
especialísima los valores interiorizados:
<<No basta con enseñar a un hombre una
especialidad. Aunque esto pueda convertirle en una especie de máquina útil, no
tendrá una personalidad armoniosamente desarrollada (…) De otro modo, con la
especialización de sus conocimientos más parecerá un perro bien adiestrado que
una persona armoniosamente desarrollada>> (EINSTEIN, A., 1942, The New York Times)
No es suficiente, como explican Arana y Batista, con
exponerse pasivamente a los contenidos en valores. Es conditio sine qua non que el educando cuente con unos
conocimientos, que tenga unas destrezas, que muestre una actitud determinada y
que esté capacitado para reflexionar críticamente sobre tales o cuales valores.
Este “hacerse con” no supone un mera adquisición, sino una interiorización.
Para que esta interiorización se dé es preciso contar con un criterio propio
(que los educandos lleguen a contar con ese criterio es en parte
responsabilidad de los/as educadores/as) fruto de un aprendizaje verdaderamente
significativo en el que se ponen en
juego los siguientes miembros: conocimientos+destrezas (o
habilidades)+actitud+reflexión. Sólo unos valores críticamente aceptados - y no
acríticamente adquiridos- pueden contribuir a esa vida armoniosa de la que
habla Einstein. Explicitemos esto un poco más de la mano de Arana y Batista.
Dado que el valor posee <<un
significado en la realidad (…) que debe saberse interpretar y comprender [a
través] del conocimiento científico y cotidiano [entonces] en ese sentido el valor
también es conocimiento>>. Además, de ser conocimiento –y, por ende,
susceptible de ser enseñado y aprendido- los contenidos en valores suben a la
palestra otra dimensión: la procedimental, es decir, aquella que refiere a una
serie de acciones orientadas a la consecución de una meta. Serían las
destrezas, técnicas y estrategias. En suma, un “saber hacer”. Entre estas
destrezas podríamos destacar: debatir, discutir, argumentar, etc. El tercer
miembro de nuestra suma – actitud- implica la creación de unas tendencias de
actuación (dialogante, no dogmática,
etc.) que abren la posibilidad de que se dé el último de los miembros
antedichos: la reflexión[1].
Sólo teniendo una actitud determinada se podrán poner en juego los
conocimientos y las destrezas aprendidas en el proceso de enseñanza-aprendizaje
(EA). De ahí que los contenidos en valores tengan un carácter integral y, por
lo tanto, contribuyan de forma determinante para el desarrollo pleno de la
persona.
Además, recalcaremos que los
contenidos en valores que aquí defendemos contribuyen a la par a la vida
armónica del individuo y de la sociedad.
<<Entender el valor como la significación
socialmente positiva (Fabelo, 1989) es verlo contribuir al proceso social, al desarrollo humano. Esto
quiere decir, que la significación socialmente positiva del valor está dada por
el grado en que éste exprese un redimensionamiento del hombre, de las
relaciones en que vive y no de sujetos aislados, grupos o clases sociales
particulares. Esta objetividad del valor transciende los intereses
particulares, para ubicar en el centro al hombre como género. Pero ello no es
suficiente, pues su objetividad depende de la subjetividad y su carácter
social, de la individualidad, y viceversa, quiere decir, que en el centro de la
comprensión de los valores están las relaciones entre lo objetivo y lo
subjetivo y entre lo individual y lo social>> (ARANA, BATISTA, La educación en valores: una propuesta
pedagógica para la formación profesional).
El valor, entendido de este modo,
contribuye a que el ser humano alcance ese <<redimensionamiento>>
como ser eminentemente social. Por lo tanto, añadiremos de nuevo con Arana y
Batista, el valor <<es algo más, es sentimiento y afectividad en el
individuo>>. Y esto debido a que lleva implícito el aprendizaje de
emociones, de la empatía, de saber ponerse en el lugar del/a otro/a, etc., en
fin, de entenderse como seres sociales necesitados y necesitando de
otros/as.
Por lo tanto,
esta educación en valores, potenciará la reflexión sobre la acción humana –propio
y ajena- y el peso que tiene la participación como medio para ejercer la
libertad y la responsabilidad en las sociedades democráticas. Además, la
educación en valores ha de alertar sobre los peligros de no ejercer esa
responsabilidad para el futuro de la sociedad en la que se encuentran situados.
Asimismo, uno de nuestros objetivos es que reflexionen sobre la acción para así
saber valorar las propias acciones y la de los otros.
En este recorrido socializador, de
participación y de educación en valores será fundamental el papel ejercido por
la educación en el tiempo libre, pues, como hemos venido defendiendo, una de
las bases de ésta en la actualidad es la de guiar a los educandos hacia el
ejercicio de una ciudadanía responsable. Y será, el tiempo libre, un marco
privilegiado para que esta educación dé de hecho.
III. Caracterización y funciones del tiempo libre educativo.
De lo expuesto por Trilla, de la
mano de Mendia (1991: 34), podemos extraer las características del tiempo libre
educativo. Este, desde una perspectiva integral, educa centrándose en la
persona, de <<ahí que el acento se ponga en el grupo y las relaciones
interpersonales>>, en la recuperación de lo propiamente humano: la
sociabilidad. El tiempo libre educativo, a diferencia de <<otro tipo de
ofertas sociales>>, las funciones del tiempo libre pasan por
ofrecer:
<<- La posibilidad de expresión y creación
cultural.
- La
posibilidad de lo lúdico y lo festivo.
- La
posibilidad de enraizamiento con la cultura popular y la comunidad social
inmediata.
- La
posibilidad de una convivencia gratuita con otros.
- La
posibilidad de un profundo conocimiento de sí mismo, de las propias
limitaciones y contradicciones y a la vez de las propias posibilidades.
- La
posibilidad de generar un estilo de vida distinto del propuesto por la sociedad
y particularmente a través del tiempo libre.
- La
posibilidad de efectuar un análisis crítico de la posición de uno ante sí mismo, los demás y las cosas.
- La
posibilidad de contraer un compromiso social, política, humanista.>>
Oponiéndolo a aquello que no es,
Mendia caracteriza el tiempo libre:
Qué es tiempo libre educativo
|
Qué no es tiempo
libre educativo
|
·
Libertad
·
Autonomía
·
Independencia
|
·
Alienación
·
Manipulación
·
Dependencia
|
·
Felicidad
·
Placer
·
Diversión
|
·
Aburrimiento
·
Tedio
|
·
Autotelismo (el tiempo libre
tiene valor en sí mismo)
·
Conocimiento desinteresado
|
·
Ostentación
·
Ociosidad
·
Mercancía
|
·
Creatividad
·
Personalización
·
Diferencia
|
·
Consumismo
·
Masificación
·
Estandarización
|
·
Sociabilidad
·
Comunicación
|
·
Aislamiento
·
Incomunicación
·
Soledad negativa
|
·
Actividad
·
Esfuerzo automotivado
|
·
Pasividad
·
Indolencia
·
Activismo frenético
|
·
Culturización
|
·
Banalización cultural
|
·
Valoración de lo cotidiano
|
·
Monotonía
·
Inercia
|
·
Valoración de lo extraordinario, de lo excepcional
|
·
Extravagancia
|
·
Solidaridad
·
Participación social
·
Política
|
·
Insolidaridad
·
Indiferencia
|
IV. Identificación de modelos actuales de educación en el tiempo libre.
Según Rafael Mendia (1991: 35), Rousseau
y su nueva educación ha influido mucho en <<el movimiento scout>> y
éste es un <<movimiento que hizo en su momento aportaciones más
significativas a la pedagogía del ocio. >> Esta nueva educación
rousseauniana, del siglo XVIII, exalta lo natural a través de actividades
educativas en el tiempo libre.
Más tarde, a finales del XIX y
principios del siglo XX, Decroly, toma la base de la nueva educación y
elabora su método de proyectos, que consiste en:

Ferriere, contemporáneo de Decroly,
sintetizará (1991: 36), en el <<Congreso de Escuelas Nuevas de Calais, en
1921>>, enunciará los principios de las Escuelas Nuevas:
- Democracia en la escuela: se
eligen los cargos y los jefes.
- Autoeducación y paidocentrismo
mediante la actividad: se respeta el ritmo, expectativas y motivaciones de
los/as alumnos/as para aprender, en un ambiente en contacto con la
naturaleza. Actividades, individuales y en grupo, centradas en:
-
Conocer
-
Descubrir
-
Construir
-
Expresar
-
Crear
- Vitalismo y socialización: la
educación tiene como fin conservar y mejorar la vida. Como seres sociales,
la nuestra ha de ser una vida compartida y, por lo tanto, también hemos de
compartir con la colectividad el proceso de aprendizaje.
- Globalización: el/la niño/a
tiene su propio mundo, un todo que conoce sin imponer límites programados.
Estos principios, iniciados con
Rousseau, continuados por Decroly y enunciados por Ferriere <<han
configurado durante muchos años el marco de referencia de los procesos
educativos en el tiempo libre>>.
Otro contemporáneo de Decroly fue Makarenko,
innovador y original, se opone a la concepción de la escuela nueva - que
defiende que el/la niño/a se rige por su propia naturaleza-, considerando que
son las leyes sociales las que han primar sobre la educación del/la niño/a. Su
“pedagogía soviética” apuesta por la disciplina, el trabajo y la conciencia
colectiva como principios educativos. Así (1991: 37):
<<El trabajo no debe ser percibido como una
obligación, al igual que sucede en la sociedad burguesa. Los niños deben ser
educados para llevar a cabo un trabajo creador, es decir, deben experimentar en
su actividad una alegría consciente y no tratar de eludir el esfuerzo que exige
el trabajo; no deben esquivar ninguna tarea.>>
Es en esta concepción de la educación
en el tiempo libre en la que se inspiran << los campos de trabajo (…) han
configurado uno de los componentes más potentes para la pedagogía en el tiempo
libre con adolescentes y jóvenes. >>
Pasado el primer cuarto del siglo XX
aparecerá la Escuela Moderna de Freinet, seguimos con Mendia (1991: 37)
que bebe tanto de la pedagogía del trabajo –o soviética- como de la Escuela
Nueva. Es una corriente opuesta al magistrocentrismo –el maestro o maestra
organiza el conocimiento a aprender por un/una alumno/a pasivo/a, y aplica el
castigo como base de la disciplina y el progreso del/la alumno/a-. Por el
contrario, Freinet, defiende que hay que poner << en juego el deseo de
saber y la actividad natural del niño>>. Su pedagogía se asienta en el
siguiente ideario:
-
La
educación es desarrollo total de la persona, crecimiento y nunca acumulación de
conocimientos o simple preparación técnica.
-
Somos
contrarios a todo dogmatismo.
-
La
educación no es independiente de las grandes corrientes sociales y políticas
que la condicionan.
-
La
escuela de mañana es la escuela del trabajo.
-
La
escuela estará centrada en el niño. Es el niño quien con nuestra ayuda
contituye su propia personalidad.
-
La
búsqueda experimental es la base, la primera condición de nuestro esfuerzo de
modernización escolar mediante cooperación.
La Escuela Moderna de Freinet ha
inspirado durante un casi un siglo la educación en el tiempo libre, pero,
advierte Mendia (1991: 38), <<a medida que el tiempo libre se ha ido
desvinculando del marco escolar>> se hizo necesario profundizar en otros
elementos, desde otros campos profesionales que han enriquecido la práctica
pedagógica. Algunos de estos elementos son:
- Las relaciones interpersonales.
- La autonomía del educando.
- La relación educador/a-educando.
- La complementariedad de los
ámbitos educativos.
Educar en el tiempo libre es
acompañar críticamente a los educandos <<en el crecimiento
personal>>. Será Carl Rogers uno de los mayores defensores de este
enfoque <<al que ha ido atribuyendo distintos nombres: orientación no
directiva, terapia centrada en el cliente, enseñanza centrada en el estudiante
y la dirección centrada en el grupo, por reflejar los más comúnmente
utilizados>>. Sea cual sea el título que se le dé a esta corriente
educativa, la esencia es que, en un clima de libertad favorable, el educando
puede hacerse con los recursos necesarios para autorrealizarse, vinculando lo
aprendido <<con su proyecto personal>>, autoevaluando el
aprendizaje desde la autocrítica. Por lo tanto, la educación está
<<centrada en el educando>> y <<el educador es un
facilitador>>> para la construcción del propio proceso de aprendizaje,
que se lleva a cabo al ritmo marcado por cada educando. Así, en el tiempo libre
se podría aplicar este enfoque, por ejemplo a los aprendizajes de relaciones,
de la vida social, de la solución de conflictos o problemas, de la solidaridad.
Rogers, explican Javier
Aguirregabiria y Roberto Zabalda (documento en línea: 81), defiende la
no-directividad en la educación en el tiempo libre. Esto no implica que no haya
un método ni la ausencia de un compromiso educativo. La no-directividad
consiste en una relación de ayuda establecida con el/la educador/a. Para que
esa relación de ayuda se dé es necesario (doc: 85-86):
1. La autenticidad o coherencia: el
educador no debe ofrecer una fachada externa falsa. Sólo mostrándose auténtico,
el educador puede lograr que la otra persona encuentre su propia autenticidad.
2. La aceptación, agrado y respeto
incondicional hacia el otro como persona de mérito
propio e incondicional, es decir,
como individuo valioso independientemente de su
condición, conducta o sentimientos.
Ser valorado como persona, parece constituir un elemento de gran importancia en
una relación de ayuda.
3. Actitud
comprensiva hacia el
otro, sin juicio moral.
4. Hacer
consciente el papel que ofrece el educador al educando, para que surja el
cambio y el crecimiento personal, que propiciará la construcción de
aprendizajes significativos.
Así, el/la
educador/a-facilitador/a[2]:
- Crea
sutilmente un ambiente de confianza.
- Saca a
la luz propósitos individuales y colectivos.
- Confía
en el logro de metas significativas para el/la alumno/a.
- Pone a
disposición recursos educativos variados y ayuda a organizar.
- Se
considera a sí mismo/a un recurso flexible.
- Acepta
razón y sentimientos y los valora al nivel que lo hacen los educandos.
- Es un
miembro activo del grupo, si se ha creado un clima de comprensión y
respeto.
- No
impone, se compenetra con el grupo.
- Reconoce
sus limitaciones.
ACTIVIDADES (1B)
- Buen uso del tiempo de ocio: http://www.youtube.com/watch?v=ZXOejRZ-cEY
Analiza el vídeo según la concepción del tiempo libre educativo.
- http://www.youtube.com/watch?v=eCkd6jV-mT0
Qué crees que hay en común entre lo defendido para la Educación Infantil
en el vídeo.
- I Jornada de Ocio Educativo:
- Trilla, ocio educativo http://www.youtube.com/watch?v=yfex55M08EQ
- Cuenca: http://www.youtube.com/watch?v=UMUPRzbzQ4w
- Evolución de la educación,
necesidad de cambio hacia la creatividad: http://www.youtube.com/watch?v=eEqF_1aXUw4
[1] Entendemos reflexión no
como procedimiento sino como resultado de poner en marcha conocimiento y
procedimientos, con la guía de una actitud determinada que privilegie una
postura dialogante y no aquella dogmática en la uno/a se aferre a sus creencias
o intereses. Si bien podría considerarse la reflexión como una destreza, para nosotros,
es algo más que un mero procedimiento. Es el componente de nuestra suma que si
bien, necesita de los otros tres, se convierte en sí mismo en el elemento que
proporciona el elemento crítico que arma
a los educandos con un criterio
que los capacita para discernir. Ser capaz de reflexionar proporcionará a los
educandos la forma para poner en suspenso su juicio hasta que no cuenten con
los elementos suficientes que les permitan examinar los valores que, tantas
veces, se les presentan como buenos y aceptables. Con el ejercicio de la
reflexión sabrán ponerlos en tela de juicio y no ya aceptarlo sin más, tomando
como suyos sólo aquellos valores que pasen la prueba de la razón y, cómo no, de
la emoción.
[2] Ver pp. 87-89 del texto de referencia, http://www.navarra.es/NR/rdonlyres/286EEA2F-6E43-45ED-AEDB-3F26B4370073/138614/Cap_03_5996.pdf , en
las que se narra la experiencia vivida
por un alumno de Rogers.
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